LOS RIESGOS DE LA FARMACOTERAPIA CONVENCIONAL EN DISLIPIDEMIAS

El riesgo principal de niveles sanguíneos elevados de colesterol y/o triglicéridos (llamados hiperlipoproteinemias) es el desarrollo de una ateroesclerosis y/o arteriosclerosis. Con el tiempo, los niveles elevados de lípidos en la sangre y su respectiva oxidación, llevan a la formación de placas de ateromas en las paredes de las arterias (aterosclerosis), o al endurecimiento de las paredes arteriales con la respectiva pérdida de su elasticidad natural, que es a lo que se le llama arteriosclerosis. A medida que las placas de ateromas aumentan su grosor, disminuyen el espacio para el flujo libre de la sangre por las arterias; en caso extremo provocan una obstrucción de éstas, lo que a nivel de las coronarias puede causar un infarto cardíaco. Por lo tanto, es muy importante la prevención a tiempo, pues si los niveles de lípidos se han mantenido altos durante muchos años, el problema puede ser tan avanzado que cualquier tratamiento, aunque normalice los niveles, ya no logre la regresión de las placas ateroscleróticas.

Niveles muy elevados de triglicéridos además pueden provocar xantomas eruptivos (erupciones amarillas en la piel), pancreatitis aguda, hígado graso y un aumento del tamaño del bazo.

Hiperlipoproteinemias pueden ser causadas por defectos genéticos (factor familiar) o como consecuencia de otra enfermedad como Diabetes mellitus, Hipotiroidismo, enfermedades hepáticas, pancreatitis, gota, síndrome nefrótico y otras. También se pueden elevar los niveles por el abuso de alcohol, consumo de tabaco, uso de contraceptivos hormonales, estrés o embarazo. La hipertensión arterial aumenta el riesgo de la hiperlipoproteinemia. Sin embargo, el factor de riesgo más frecuente es el sobrepeso y/o una alimentación desequilibrada.

Como medida de primera instancia, en todos los casos se recomienda una reducción del consumo de grasas (evitar grasas saturadas, sobre todo las de origen animal) y carbohidratos refinados en la alimentación, así como un aumento en el consumo de fibras vegetales. Los cambios de la dieta deben acompañar a cualquier tratamiento medicamentoso.

Los fármacos usados para reducir los niveles de lípidos se clasifican en diferentes tipos debido a su acción farmacológica. Aquí se alista su funcionamiento y los problemas que pueden causar.


1.     RESINAS DE INTERCAMBIO ANIÓNICO (Colestiramina, Colestipol)

Estas sustancias se unen a los ácidos biliares (los cuales contienen colesterol), favoreciendo su eliminación y a la vez estimulando la producción de mayor cantidad de ácidos biliares que nuevamente se unen a las resinas y son eliminadas.

Efectos secundarios: en un 30% causan estreñimiento y endurecimiento de las heces. Además, se reportan dolores abdominales, flatulencia (acumulación de gases), náuseas y vómitos, acidez y reflujo. En dosis altas pueden causar una mal absorción de grasas (que a pesar de todo se necesitan) y una deficiencia de vitaminas liposolubles (vitaminas A, D, E y K). Por otro, debido a sus características organolépticas son difíciles de ingerir, pues tienen una consistencia arenosa.

2. INHIBIDORES DE LA HMG-CoA-REDUCTASA
(Lovastatina, Simvastatina, Pravastatina), TAMBIÉN DENOMINADAS ESTATINAS

Estas sustancias compiten con la enzima clave que facilita la síntesis celular de Colesterol y así inhiben la función de ésta. Son contraindicados en enfermedades hepáticas, niveles elevados de transaminasas, dolores o inflamaciones musculares.

Efectos secundarios: Dolores abdominales, nauseas, diarrea, estreñimiento, flatulencia, dolores de cabeza, insomnio, niveles elevados de transaminasas, eritemas, niveles elevados de Creatinin-kinasa, muchas veces junto a dolores o inflamaciones musculares. Los posibles efectos secundarios hacen necesario un chequeo periódico de enzimas hepáticas y musculares en la sangre. Se menciona también un riesgo a desarrollar cataratas. En algunos casos se reporta daño directo en la fibra muscular esquelética (Rabdomiolisis).


3. PROBUCOL

Remueve LDL (“Colesterol malo”) de la circulación. El efecto es tardado porque sólo un 5% de la dosis se absorbe. Llega a su efecto máximo después de dos a tres meses de tratamiento, y la eliminación de la sustancia es tardada también. Su uso es contraindicado en personas con enfermedades hepáticas o intestinales. El modo de acción sugerido es que no permite la oxidación de las LDL y de esa manera no se forman las placas de ateromas. Para algunos especialistas, este producto tiene el inconveniente que además reduce los niveles de HDL (Colesterol bueno), y ello pudiera ser un signo de incremento de riesgo.

Efectos secundarios: Heces blandas hasta presentar diarrea, dispepsia, flatulencia, náuseas.

4. FIBRATOS (Clofibrato, Bezafibrato, Fenofibrato, Gemfibrozil) y sus derivados (Etofibrato, Etofilin-clorfibrato)

Estas sustancias reducen en primer lugar los triglicéridos, sin embargo logran también bajar los niveles de Colesterol. Aceleran la desintegración de las VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad, en las cuales se transportan los triglicéridos) y en menor medida inhiben la síntesis hepática de Colesterol. En casos de insuficiencia renal existe peligro de acumulación en el organismo. Son contraindicados en insuficiencia hepática y renal, enfermedades de la vesícula biliar y enfermedades musculares.

Efectos secundarios: Malestar gastrointestinal, en la piel exantemas y prurito (picazón), dolores o inflamaciones musculares con un aumento en las actividades enzimáticas de los músculos; en algunos casos destrucción generalizada severa de fibras musculares con falla de los riñones. Aumento temporal de los niveles de enzimas hepáticas, generalmente reversible. Raras veces daños hepáticos severos (!!).


5. ÁCIDO NICOTÍNICO Y DERIVADOS (ácido nicotínico, alcohol nicotínico)

La primera impresión que se tuvo fue que era la mejor elección para este tipo de tratamiento, pues reduce las LDL, incrementa las HDL y reducen la síntesis de VLDL a nivel hepático, además de ser una de las vitaminas del llamado Complejo B. En la actualidad son contraindicados en insuficiencia cardiaca, úlceras y daños hepáticos, entre otros. También se desaconseja su uso en pacientes con diabetes (!!) o gota.

Efectos secundarios:
Eritema (enrojecimiento de la piel) y prurito (picazón), dolores abdominales, dispepsia, algunas veces formación de úlceras. Piel reseca y pigmentación de color café de la piel. Alteraciones en la tolerancia de glucosa hasta provocar Diabetes. Hiperuricosemia (mucho ácido úrico en la sangre) hasta provocar ataque de gota. Muy importante y peligroso es que presenta toxicidad a nivel del hígado: aumenta la cantidad de transaminasas, de la fosfatasa alcalina y puede provocar problemas en el flujo biliar en el hígado. Por esta razón se sugiere un chequeo mensual de los valores hepáticos.

Como se puede observar, todos los fármacos presentan efectos secundarios. Los frecuentemente recetados medicamentos de los grupos 2 y 4 pueden causar daños musculares, los cuales se manifiestan en el paciente muchas veces como dolores en los hombros que se pueden confundir con el dolor causado por tensión nerviosa como la presenta la mayoría de personas con estrés, y por lo tanto posiblemente no se le da la importancia debida. Los daños hepáticos que la mayoría de los medicamentos puede causar, son de mucha importancia. Muchas veces no se lleva a cabo el control periódico de los valores sanguíneos de las enzimas hepáticas.

Aunque estos medicamentos sin duda son eficaces en la mayoría de los casos, de acuerdo a las bibliografías guías de los médicos deberían de tomarse únicamente en casos graves y cuando falla la medida dietética que es obligatoria.

¿Qué nos queda para tratar esos casos sin incurrir en riesgos para la salud?

La respuesta es: aprovechar los recursos naturales. Los remedios a base de plantas, además de no presentar efectos secundarios en su mayoría, y de ser igual de efectivos – aunque a veces se requiere de un poco más de paciencia para lograr los resultados -, ofrecen acciones adicionales que benefician el organismo.

Existen algunas alternativas de origen natural, se sabe que el Limoneno, presente en varias frutas, fundamentalmente las cítricas, ejerce acciones beneficiosas sobre el metabolismo de las grasas. Hay varios estudios científicos que demuestran que una mezcla de alcoholes alifáticos de alto peso molecular que se extraen de la caña de azúcar pueden reducir los niveles séricos de Colesterol al inhibir su síntesis en un paso muy cercano al que lo hacen las Estatinas y en una proporción muy similar, pero además reducen los niveles de tromboxanos e incrementan los de prostaciclinas con lo que además de tener efecto hipocolesterolemizante presentan efecto anti-agregante plaquetario, antitrombótico y anti-isquémico.

Pero recordemos también a la Berenjena que puede reducir los niveles de Colesterol en sangre, es parte de la dieta de los pacientes hipertensos para ayudar a la regulación de su hipertensión y es un diurético efectivo.

La Alcachofa, además de reducir eficazmente los niveles de colesterol y triglicéridos fortalece el funcionamiento del hígado, lo protege, favorece la digestión de grasas, disminuye discretamente los niveles de Glucosa en sangre e incrementa la función renal. Estas acciones son debidas fundamentalmente a la presencia de sustancias tales como cinarina, cinarósido, ácidos orgánicos y esteroles, presentes en las hojas de la planta. La Alcachofa además presenta un efecto adelgazante, es antioxidante y antitóxica.

Plantas que aumentan la producción y liberación de la bilis, son muy favorables para disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos. Como ejemplos se pueden mencionar el llantén y el harpagofito, que adicionalmente cuentan con una acción estimulante y protectora del hígado.


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